Venganza

The.Beatles.full.1550977

 

Era una mañana soleada en Edimburgo. La gente había salido a pasear o iban de camino a sus oficios. La calle se llenó en seguida de viandantes, de niños correteando de un lado a otro, mujeres que salían a hacer la compra. Santiago había venido a vivir desde Málaga hacía ya tres años y no le había costado acostumbrarse a aquella nueva vida. Incluso le gustaba mucho más aquella ciudad que de donde procedía. Llegó a su despacho; en la puerta, con letras negras, se encontraba su nombre seguido de la palabra “abogado”. Entró y tras dejar el maletín sobre la mesa, cogió un disco de vinilo que tenía en una de las estanterías del despacho y lo puso en un pequeño tocadiscos colocado en una esquina de la habitación. Se sentó en su sillón negro mientras de fondo sonaba Nowhere man de Los Beatles. Llamaron a la puerta. Su secretaría le anunció la llegada de una mujer joven. Ésta entró y él se quedó sorprendido al ver el parecido que tenía con su madre ya fallecida hace unos años: rubia con un moño recogiendo su cabello, delgada, mejillas sonrosadas que resaltaban en su tez pálida, labios finos, y, sobre todo, aquellos ojos, aquella mirada en la que se escondía un profundo dolor. Aquella mujer, llamada Susan le contó que su marido le maltrataba desde hacía un tiempo y quería denunciarle. Él asintió, cada vez le recordaba más a su madre y, sin quererlo, se implicó demasiado en aquel caso, sus sentimientos afloraron sin control.

            Cierto día, ella no acudió a su cita con él en el pequeño pero acogedor bar que había en una esquina de la plaza. Esperó una hora pero al no aparecer decidió ir a buscarla, en su interior tenía el presentimiento de que algo no iba bien.

Llegó a la casa de Susan y golpeó con fuerza la puerta, pero como temía, nadie respondió. Insistió una vez más, pero tras no recibir respuesta, decidió entrar por la fuerza, aunque sabía que aquello era allanamiento. Rompió con una piedra una de las ventanas que parecía dar al salón y entró por ella con cuidado. Al entrar, se quedó paralizado ante la visión que tenía delante. El cuerpo de Susan yacía en la alfombra del salón sobre un charco de sangre con una gran brecha en la cabeza y su lado el arma del crimen: un candelabro ensangrentado. Tuvo que apoyarse en la mesa que tenía al lado para no caer al suelo. Las náuseas se acumulaban en su estómago amenazando con salir. El golpe llegó certero, sin aviso. Sólo notó una punzada en la nuca, después oscuridad.

 

separador-libro

 

Allí estaba, escondido bajo la mesa del comedor, viendo cómo su padre le daba una paliza a su madre y él sin poder hacer nada. Su madre dejó de moverse, pero su padre seguía golpeándola una y otra vez, sin descanso.

–¿Y tú qué miras? – Le gritó este con los puños ensangrentados.

Santiago se estremeció bajo la mesa. Aquel hombre había matado a su madre. La había asesinado y él no había podido hacer nada por ayudarla. Las lágrimas corrían por su rostro y la culpa crecía en su pecho. Cuando abrió los ojos, creyó seguir viendo el cuerpo de su madre tendido en el suelo, pero la quemazón en la nuca le devolvió a la realidad. Al lado de Susan estaba su marido, mirándola con lágrimas en los ojos, las manos llenas de sangre.  Y entonces, sintió algo que nunca antes había sentido: furia, odio, venganza. Aquel cuerpo inerte en el suelo fue como un golpe del pasado. Antes no había podido hacer nada pero ahora sí que podía, sentía que si vengaba a Susan su madre también lo sería. Era más fuerte y más grande que su marido. Sin pensarlo, lo empujó contra la pared y se abalanzó sobre él. Sus puños se movían descontrolados, hundiéndose en el rostro de aquel hombre que lo miraba sorprendido, sin poder reaccionar. Siguió golpeándolo hasta que notó bajo sus manos una sustancia blanda. El rostro de Peter había quedado irreconocible, pero su odio rugía más fuerte que nunca en su interior. La bestia se había desatado con furia. Se levantó y cogió el candelabro para seguir golpeando con furia el cuerpo ya sin vida de Peter.

            Los vecinos, al escuchar los gritos de Santiago en cada golpe, llamaron a las autoridades asustados. Cuando la policía irrumpió en la casa, sólo encontraron a un hombre lleno de sangre, con la mirada perdida y a sus pies dos cuerpos yacentes, uno de ellos completamente destrozado.

 

separador-libro

 

El 1 de noviembre de 1983, Santiago Ventura fue condenado a cadena  perpetua por homicidio en primer grado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s