Bienvenida

carcel

La puerta de rejas se abrió con un chirrido, llevaba poco tiempo allí encerrada pero parecía que llevara años. Parpadeó varias veces ante los rayos del sol que le deslumbró durante un momento. Un rostro que no conocía apareció en su campo de visión, sonriente y alargó los brazos para cogerla. Ese ser que la sujetaba le recordaba a todos aquellos que la habían maltratado de pequeña y sin quererlo se puso a temblar recordando aquellos años sufridos. Una vez fuera de aquella jaula, pasó de mano en mano hasta llegar a alguien más familiar, era aquella mujer que siempre le cuidaba dándole de comer y de beber. Aquella mujer de rostro familiar, la cogió con delicadeza y la puso sobre una mesa, allí le puso las vacunas necesarias y le hizo una cartilla médica: ya estaba oficialmente adoptada, por fin tenía hogar. Aquella familia la metió en el coche, parecían bastante contentos de que ahora formara parte de ella. El coche se puso en marcha y se introdujo en el concurrido ir y venir de los coches.

Tardaron pocos minutos en llegar a su nueva casa. Contempló con sorpresa el gran edificio de ladrillos rojos que tenía delante, lo perdió de vista cuando el coche bajaba la rampa del garaje, un garaje con paredes grises y dos grandes puertas de hierro. Llegaron abajo y las luces se encendieron de forma automática dejando ver un gran espacio lleno de aparcamientos donde en la gran mayoría había coches. Bajaron, siempre en brazos de alguien y anduvieron hasta llegar a una puerta de metal que abrieron con una llave, entraron y había un cuadrado de metal con unas puertas que se habrían lateralmente, no sabía para que servía aquello. Pulsaron un pequeño botón que había en aquel recuadro de metal y una lucecilla roja se encendió; al poco tiempo se escuchó un estruendo y las puertas de cuadrado metálico se abrieron dejando ver una pequeña habitación de metal con el suelo de madera. Al entrar, a la izquierda había un panel metálico lleno de símbolos raros que no entendía y a la derecha una especie de panel transparente donde había más gente, pero era extraño, aquella gente que había al otro lado se parecían mucho a quienes la habían acogido y también llevaban a alguien entre sus brazos que se parecía mucho a ella: pelo pelirrojo, ojos marrones, orejas puntiagudas, uñas largas. Aquello le parecía bastante extraño. La chica que la llevaba en brazos pulsó uno de esos extraños símbolos y de repente en suelo comenzó a moverse, tuvo una extraña sensación de vacío en el estómago cuando aquello se puso en marcha. En pocos segundos, que le parecieron horas, aquel cacharro se detuvo con un pequeño bote y las puertas volvieron a abrirse dejándolos salir.

A pocos pasos volvieron a detenerse ante una puerta de madera, la abrieron con otra llave y entraron. Una vez dentro se quedó impresionada por las dimensiones de aquella casa, este sería su nuevo hogar y la primera impresión le había dado buenas vibraciones. La dejaron en el suelo para que investigara a sus anchas; lo primero que hizo fue tocar la alfombra que tenía bajo ella, suave y blandita donde podía tumbarse en los días fríos para coger calor; después miró hacia la izquierda y el reflejo de la luz en los muebles blancos la cegaron un instante, de aquel lugar salían unos olores deliciosos que la atraían. Entró en aquella habitación para descubrir la cocina entera de blanco. Miró hacia arriba para ver mejor la gran nevera que se alzaba sobre su cabeza, los muebles para guardar cosas y la alta mesa que había en el centro. Sentía curiosidad por saber que más cosas nuevas había en aquella casa, así que salió de la cocina y se dirigió al salón; había tres sofás, uno de ellos naranja y los otros dos rojos, una pequeña mesa de cristal en el centro y en el lado opuesto al sofá naranja un mueble donde estaba la televisión. Se quedó contemplando un momento aquellos sofás, tenían pinta de ser muy cómodos pero aún no sabía si podría subir a ellos o no, ahora tendría que seguir sus normas, pero aún no conocía bien a su nueva familia, así que decidió seguir investigando un poco más.

A la derecha, había una gran mesa de madera con varias sillas alrededor, parecía ser que sólo se utilizaba en ocasiones especiales. Encima, lo poco que pudo ver desde el suelo porque estaba muy alta la mesa, había un jarrón de cristal con algunas flores bonitas, pero no pudo ver más. Siguió andando y llegó a una cristalera enorme, a través de ella podía ver un gran patio con el suelo de baldosas rojizas lleno de macetas con flores por todas partes, una mesa de piedra con sillas alrededor y una valla de hierro por donde sobresalían gran cantidad de copas de árboles que parecían crecer más abajo, quizá tuvieran un huerto, pero no estaba segura.

Escuchó pasos tras ella y vio que la chica que la había cogido en brazos se acercaba a ella. Con una amplia sonrisa llena de amor le acarició su pequeña cabeza peluda, le dio un beso en la frente y algunas palabras llenas de dulzura, después abrió la cristalera que era una puerta corredera y la dejó salir. Con la cola en alto por lo alegre que se sentía, salió a la terraza y olisqueó allí y allá todo lo que encontraba a su paso y, efectivamente, los árboles que sobresalían por encima de la valla estaban plantados en una zona de tierra que había un poco más abajo, estuvo investigando a ver si podía llegar de alguna manera y encontró a la izquierda, al final del patio, unas escaleras que la llevaban abajo, con gran alegría, las bajó a grandes saltos. Cuando sus pequeñas patas se hundieron en la tierra sintió una gran felicidad. Se puso a corretear y a revolcarse en la tierra que olía a mojada. Entonces escuchó que alguien nombraba su nuevo nombre y la llamaban con insistencia, así que, muy a su pesar, se dirigió a las escaleras para subir, pero le parecían demasiado grandes para ella, no podía subirlas. Aquello le agobió, no sabía qué hacer, aún era un cachorro y todo le parecía mucho más grande de lo que realmente era. Esperó un rato a ver si venían a por ella, pero aquella casa era muy grande, ¿y si no sabían dónde estaba? ¿Y si se olvidaban de ella y la dejaban fuera? Ante  aquella perspectiva no le quedaba otra que llamar la atención, así que comenzó a aullar con toda la fuerza que le permitía sus pequeños pulmones. Quizá no la escucharan, si era así probablemente tendría que pasar su primera noche a la intemperie y no era una idea que le agradara. Entonces escuchó una voz pronunciar su nombre, así que empezó a aullar con más fuerza. Pensaba que la chica se enfadaría al descubrir donde estaba, pero en vez de eso, lo único que recibió fue un abrazo y que la colmara de besos, la cogiera en brazos y la llevara dentro de la casa. Una vez que estuvo de nuevo en el suelo, se dirigió a la entrada y se tumbó en la alfombra, moviendo la cola de un lado a otro y viendo el trasiego que había en la cocina. Entonces reparó en una puerta a su espalda que no había visto antes. Se levantó y se dirigió hacia ella para echar un vistazo. Empujó con el hocico la puerta y ésta se abrió con un chirrido dejando ver un largo pasillo, al fondo había otro panel de esos transparentes que ya había visto antes y al otro lado alguien que era idéntico a ella, que la observaba sin apartar la vista y repetía todos sus movimientos. Se acercó lentamente hacia él, dejando a un lado el cuarto de baño y una habitación con una cama llena de peluches y se sentó en frente, el ser del otro lado la imitó. Giró la cabeza de un lado hacia otro cada vez más rápido, pero su doble la seguía sin ninguna dificultad. Se puso en pie y levantó la cola, también la imitó; alzó una pata y la puso sobre aquel panel, estaba frío y era muy duro. Su doble la imitó colocando la pata frente a la suya. ¿Y si era alguien que como ella estaba encerrada sin familia, sola y lo único que quería era tener a alguien con quien entretenerse? Intentó comunicarse con ella a ladridos y parecía que quería decirle algo, porque en cuanto comenzó a ladrar, su doble la imitó también. Al escuchar sus fuertes ladridos, la chica de antes entró corriendo para ver qué pasaba y al ver que le estaba ladrando a su propio reflejo se echó a reír. La cogió en brazos y la puso frente al espejo, señalándose primero a ella y luego a su reflejo, repitiendo la misma acción con ella. Entonces comprendió que quien había detrás de aquel panel frío no era nadie nada más que ella, era su reflejo, había intentado comunicarse con su propio reflejo. Aquello le hizo sentir algo estúpida pero su dueña lo encontraba bastante gracioso y al ver que observaba su reflejo aún con extrañeza no pudo evitar echarse a reír.

Cuando la colocó de nuevo sobre la alfombra y cerró la puerta tras ella, entendió que aquel lugar se le tenía prohibido entrar, así que decidió tumbarse de nuevo en su alfombra y ver pasar de un lado a otro a su nueva familia que cada vez que pasaban a su lado se agachaban para acariciarla y ella respondía con un lametón en sus manos, o decirle algunas palabras de cariño. Aquel lugar se parecía mucho a su antigua casa pero podía comprobar cómo aquellas personas que la rodeaban hacían que su nuevo hogar fuera totalmente diferente, el ambiente era distinto, sentía en todo su ser el cariño que emanaba de aquellas personas hacia ella. Todavía tendría que acostumbrarse a su nueva casa, conocer los lugares que se escondían en cada rincón, hacerla suya y proteger a su familia de intrusos. No sería fácil, pero intuía que todo iba a salir bien. Su nuevo hogar la había recibido con los brazos abiertos, ahora le tocaba a ella dar lo mejor de sí misma para que estuvieran contentos con ella.

Tumbada en su cálida alfombra, con el tintineo de los cacharros de la cocina de fondo y sumida en sus pensamientos, se quedó dormida.

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